Ana María Jaramillo

Última actualización: Miercoles, Abril 15, 2015 9:35 AM

Entrevista del autor Ana María Jaramillo

Última actualización: Miercoles, Abril 15, 2015 9:33 AM

Sobre la autora: Ana María Jaramillo

Sobre la autora: Ana María Jaramillo

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Última actualización: Lunes, Enero 26, 2015 9:17 AM

Biografía

Ana María Jaramillo nació en Pereira en 1956. La biblioteca de su padre y la desbordante fantasía de su abuela, que le relataba sus viajes imaginarios,  fueron elementos determinantes en la formación de la joven Ana María quién desde su juventud descubrió los clásicos rusos y los autores del Boom latinoamericano.   A principios de la década de los setenta viajó a Bogotá con el fin de adelantar  estudios de Economía en la Universidad de los Andes, programa académico de la que fue la primera estudiante inscrita. Una vez concluidos sus estudios, inició su vida laboral en el sector público -entró a hacer parte Ministerio de Desarrollo Económico- como en el sector privado.   A mediados de los años ochenta viaja a México, país en el que reside desde entonces. En 1992 publica la novela Las horas secretas en México y al año siguiente aparece la edición colombiana de la misma. De esta novela Álvaro Mutis ha dicho que se trata de una intensa historia de amor que deja atrás cualquier circunstancia. En 1994 se hizo merecedora del Premio Nacional de Cuento de Colombia con el libro Crímenes domésticos, en donde reúne relatos de una enorme capacidad de síntesis y una violencia interior asombrosa, todos ellos con el problema de la vida cotidiana de la pareja como fondo. Ha publicado en los principales suplementos y revistas culturales de México y de Colombia.   Ana María Jaramillo es también autora de algunas obras de teatro, entre las que destaca Vendo mi muerte y Bajo otro cielo, y un libro de entrevistas con escritores mexicanos del estado de Veracruz, bajo el título de Playas borrascosas gracias apoyo del Fondo para la Cultura y las Artes de México. En el año 2000 publicó La luciérnaga extraviada, su primer libro de poemas. En septiembre del 2007 ganó el premio de cuento de la Secretaria de Cultura de Pereira con el libro Eclipses.   En la actualidad dirige la editorial mexicana Ediciones Sin Nombre junto a su esposo, el escritor José María Espinaza.

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Última actualización: Martes, Septiembre 23, 2014 8:49 AM

Obras publicadas: Ana María Jaramillo

Obras publicadas: Ana María Jaramillo

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Última actualización: Lunes, Junio 25, 2012 10:56 AM

Cronología

 

Trayectora de la escritora Ana María Jaramillo.

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Última actualización: Lunes, Junio 25, 2012 10:54 AM

Obras

Portadas de algunas obras de la escritora Pereirana Ana María Jaramilllo.

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Última actualización: Lunes, Junio 25, 2012 10:53 AM

Textos de la autora

A manera de prólogo (Prologo del libro Playas Borrascosas)   Este libro tiene como origen una razón absolutamente personal: la voluntad de conocer mejor a través de la literatura una determinada región geográfica, en este caso, Veracruz. Y si se dio en forma de entrevistas a escritores veracruzanos tiene algo de azaroso, pero también algo de necesario: la geografía es, más que una zona en el mapa, el espacio vital de las personas. No soy de las que creen que un autor escribe necesariamente acerca de su entorno, estoy segura de que algunas obras maestras se han dado en un espacio sin lugar ni tiempo, pero a la vez también tengo en mi inconsciente la seguridad de que, así sea por caminos muy tortuosos, toda palabra refleja y explica, modifica e inventa un espacio propio identificable. Y que en lo que se escribe como en lo que se lee uno busca inevitablemente reencontrarse. Por eso quisiera advertir a mi posible lector algunas cosas: nací en Colombia y por diversas razones que no vienen al caso llegué a México a mediados de los ochenta, un poco después del terremoto que sufrió la ciudad de México y algunas otras regiones en 1985. Economista de profesión, también tenía –desde años antes- la vocación de escribir, la cual en su mayor parte desarrollé en este país. Aquí he publicado 2 libros, tenido dos hijos, criado al que nació en Colombia y vivo con un mexicano. He obtenido la naturalización y gozo de todos los derechos de un ciudadano mexicano, salvo que me siguen diciendo escritora colombiana. Eso en realidad no tiene importancia, pero traduce algo que no sólo es social sino también personal: la patria se lleva con uno, pero también se deja, no se pierde al abandonar el lugar donde se nace. Por eso, cuando empecé a viajar, por razones de placer o de trabajo a distintos lugares de Veracruz –y de manera paralela a la lectura de algunos escritores de esa región- me encontré de nuevo con mi país. Soy de la zona cafetera de Colombia, nací en Pereira, capital de Risaralda, y de pronto al llegar a Xalapa fue como llegar a mi ciudad: los mismos paisajes, el mismo aroma en el aire. La lluvia me hizo pensar en Bogotá y la cercanía del mar en mis vacaciones infantiles en Juanchaco, zona del litoral Pacífico. La verdad es que no era siquiera un parecido estricto sino una identificación con algo más allá de la pura descripción. El puerto de Veracruz se parece más a Santa Marta y si acaso el baluarte hace pensar que hace dos siglos se debió parecer a Cartagena. Es como si hubiera podido decir, con la misma seguridad que me da el acta de nacimiento, soy de Veracruz. Así empecé a leer, a conocer gente, a preguntar, y también a escribir, lo que me llevó a entrevistar a algunos escritores, a veces por pedido de alguna revista o suplemento cultural, otras por puro gusto. Pronto surgió un proyecto que concebí como exhaustivo –con ingenuidad- y que me fue desbordando. Solicité al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes apoyo para realizar el trabajo, poder dedicarle el tiempo que requería. Recibí dicho apoyo, pero como suele ocurrir, cuando creía completar algo, se me habrían distintos flancos de investigación –Veracruz tiene una literatura muy importante y hay importantes escritores vivos a los que quería y quiero entrevistar-, por lo que la prudencia y la obligación de cumplir con lo acordado me hicieron pensar en dos tomos. En este primero quedan fuera escritores de la talla de Rubén Bonifaz Nuño –dicen que veracruzano por casualidad, pero no importa- o Beatriz Espejo, Emilio Carballido –maestro del teatro, que merecería él solo un libro-, novelistas como Jaime Turrent o Marco Tulio Aguilera –otro colombiano que escogió (él sí físicamente) ser veracruzano- o poetas como Ramón Rodríguez y Ángel José Fernández, los más jóvenes José Homero y Juan Joaquín Pérez Tejada, muchos de ellos amigos míos. Gracias al apoyo del FONCA pude residir en Veracruz algunos meses, entablar largas y repetidas conversaciones con algunos de ellos, como con Juan Vicente Melo, descubrir (para mí, obviamente, ella es muy conocida y prestigiada) a Ida Rodríguez Prampolini –fue mi vecina y mi casera en un faro mágico que había construido su hijo-, ir a Xalapa y frecuentar a Sergio Pitol, cuya maestría como escritor y cortesía en el trato, me parecen un verdadero modelo. José Luis Rivas, poeta y amigo imprescindible, fue otro faro que me guió en mis correrías veracruzanas. A través suyo entré en contacto con Luis Arturo Ramos, a quien había empezado a leer algunos años antes. En las conversaciones con Francisco Hernández y Silvia Tomasa Rivera pude constatar que las generaciones posteriores a Galindo tenían mucho que decir… y lo decían. Julián Meza, desde el D. F., me recordaba que Veracruz era producto de mi imaginación. También en el D. F., pero como si se paseara por el malecón o por algún cafetal, nervioso y observador –como tomando apuntes para una futura novela, en donde un detalle puede dar para varias páginas- Jorge López Páez. Lo que había parecido un trabajo de periodismo literario se me fue volviendo una novela. Los escritores eran personajes de una trama invisible que de pronto se me revelaba. Me hablaban de sus lecturas, muchas de ellas con coincidencias significativas, de su evolución y de su vida personal, y de pronto todo se convirtió en un guión, una representación teatral que se escenificaba ante mis ojos. Como parte de la magia que envolvió esta experiencia y mucho antes de pensar en estas Playas borrascosas, encontré un taller de dramaturgia con Hugo Argüelles, en donde más que aprender a escribir aprendí a ver la vida con ojos de escritor. A su amistad y a su magisterio deben mucho la virtud de este libro y la fortaleza con que trato de afrontar los nortes que a veces quieren impedir que los proyectos lleguen con bien a puerto. En esos meses fantásticos que pasé en Veracruz visité con frecuencia a Juan Vicente Melo. En ocasiones le hice sufrir, como a varios de los entrevistados, la compañía de mi hija Teresa, recién nacida, que sin embargo se portaba muy bien. La entrevista con él me parece representativa de lo que es este libro: un esfuerzo de conocimiento más allá de las fechas y los datos biográficos. Incluso –si se quiere- más allá de la obra misma. En la entrevista cuento un poco de la historia de lo que sería su último libro, la novela La Rueca de Onfalia. Lo poco que tengo que ver en que ese libro haya visto la luz pública me llena de orgullo, sobretodo la alegría que vi en Juan Vicente cuando repasábamos algunos de los capítulos en su borrador mecanografiado. Su muerte me tomó por sorpresa, aunque hacía años se esperaba, a veces como un señuelo más de su capacidad de seducción.  Me hubiese gustado haberle podido mostrar este libro y tal vez fue eso lo que me llevó a publicarlo sin esperar a completar las entrevistas. A todos ellos tengo que agradecerles la paciencia con que atendieron mis preguntas y el interés que se tomaron al contestarlas. Ellos sabían que, a la vez que se volvían sujetos de una entrevista periodística, pasaban a formar parte de una historia más extensa, novela he querido llamarla aquí, sobre la que no tendría control. Espero no haber defraudado su confianza. Sobre todo porque, como buenos curiosos y fabuladores que son, cada uno quería saber del otro a través mío. Me encantó servir de lazo que une recuerdos de infancia, olores y sabores comunes, vergüenzas y tristezas compartidas. A lo largo de varios años, haciendo entrevistas he reflexionado sobre lo que estas significan: sé que la responsabilidad del texto es exclusivamente del entrevistador, pero también sé que nunca, haré decir,  en en aras de una fugaz oportunidad periodística, algo que no quiera ver por escrito –aunque lo haya dicho-, a uno de mis entrevistados. Si soy responsable de lo que escribo es porque respeto la decisión del interlocutor. También sé que, en parte por lo dicho anteriormente, quien busque en este libro revelaciones verá su interés frustrado: mucho de ello lo han dicho en muchas entrevistas o en sus propios libros. A lo que aspiro es a que al verlos reflejarse unos en otros lo dicho adquiera mayor claridad, más cuerpo, un contexto casi familiar. A lo largo de la revisión y corrección del libro en pruebas se planteaba la necesidad de darle un título. Varios de los entrevistados me hablaron, sin ponerse de acuerdo, de su admiración por Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Después yo hacía la pregunta como en busca de un leitmotiv. Al final una pequeña paráfrasis me sugirió Playas borrascosas. No es que me sienta la Brontë, pero sí quisiera hacer sentir que mis entrevistados tienen la fuerza vital de sus personajes. Cuando tenga en mis manos el libro publicado lo voy a mostrar a la gente como se enseña un pasaporte, como una señal de identidad, aunque sepa que no hay aduana que me lo solicite cuando llegue a Perote o a Xalapa, o a Orizaba o a Córdoba, al puerto del que me hubiera gustado no salir. Si al lector le comunica el entusiasmo por los escritores y su región, será un pasaporte legítimo.    Ana María Jaramillo Playas borrascosas, México, 1998             

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Última actualización: Lunes, Junio 25, 2012 10:52 AM

Mirada crítica

El silencio como mala herencia. Las mujeres eclipsadas de Ana María Jaramillo. Por: Rosi Benglio. “Ella se eclipsó”, dice en una descripción del mundo femenino la escritora Ana María Jaramillo en su nuevo libro, intitulado precisamente Eclipses (Ediciones sin nombre), en el cual, a manera de cuentos y sin ser un libro feminista, sus protagonistas todas son mujeres. La intención de la  autora es dar a luz la situación de indefensión femenina en la cual viven millones de personas, castigadas siempre, sea por ejercer su sexualidad, por hablar cuando no deben o por callar cuando hay que gritar las injusticias padecidas. Aunque, y así quedó plasmado en el cuento “Las bellas ahogadas”, la mujer, aún muerta, conserva su poder.   A partir de esta idea iniciamos una charla con la escritora ganadora del Premio Nacional de Cuento (1993) en su natal Colombia.   -Dice que “Las bellas ahogadas” pone sobre el tapete una idea acerca sobre la vulnerabilidad femenina...   - A pesar de lo que autores como Mishima han puesto a discusión, yo creo que, al contrario, la mujer tiene un gran poder incluso cuando está dormida. Yo lo llevo al extremo de cómo una mujer ahogada puede causar tanta inquietud a un hombre.   -En estos cuentos cuando hayamos el suicidio como otra forma de eclipsarse.   -En la península de Yucatán existe uno de los índices de suicidios más altos del país y tal vez del mundo.  Las explicaciones vienen desde la época de los mayas, pues ya entonces el suicidio era muy elevado. Generalmente explican eso por una baja concentración de litio en el agua; también puede ser genético, quizá. Pero hasta donde sé, los mayas son la única cultura que tiene una deidad dedicada al suicidio. Es una diosa que está arrodillada, tiene una soga sobre el cuello, unos pechos grandes con unos pezones también grandes: representa a una diosa que se cuelga a un cedro y va al inframundo para darle leche y miel a los suicidas que se han muerto por amor.   -En “El pan de Panamá” vislumbra la imposibilidad de una mujer por rehacer su vida.   -Es una historia donde, en principio, un hombre y una mujer deciden compartir sus vidas sin importarles su pasado. Sin embargo, en la realidad una mujer con pasado siempre será sospechosa; así que el hombre empieza a desconfiar de todo lo que hace la mujer. Aquí, la vida de la mujer es intachable a partir de que formó una pareja; pero no es suficiente porque una mujer con pasado nunca podrá ser digna de confianza, de acuerdo al imaginario machista.   En su libro, Ana María Jaramillo habla  de mujeres de todas las edades y condiciones sociales en todas las situaciones. Helena, por ejemplo, “es el caso de una mujer tradicional puesta en un pueblo tradicional. Viene de un matrimonio muy de conveniencia, hermosa, bella, que se la juega por su familia, que viven en una situación  como la de muchas mujeres en cualquier pueblo de Latinoamérica o del mundo. Ella, al saberse traicionada en una situación de fragilidad, como es un posparto, se colapsa emocionalmente; y esto es aprovechado por un hombre que no puede reprimir una falla de carácter y la destruye en todos sentidos abusando de ella para siempre y nadie la detiene. Ella queda en una situación de total indefensión y pierde todos sus bienes materiales, sus hijos, su identidad. Queda convertida en un fantasma en su propia casa. Entonces, esta mujer, por no defenderse y por no hablar, convierte la vida de sus hijos también en un infierno; pero, además, esto pasa de generación en generación, porque es una herencia maldita. Ella hereda a sus hijos el silencio y la cobardía. Creo que esto es algo que yo le quiero enseñar también a las mujeres: el silencio es una mala herencia”.   -La enfermedad de la envidia es algo que siempre le ha intrigado. ¿Por qué?   -Sí, es algo de lo que me gusta mucho escribir. Siempre me refiero a ella porque creo que es el gran motor de las acciones de los seres humanos. La envidia es algo fundamental que nos mueve y nos motiva a muchísimas acciones. Es una acción vital que nos mantiene vivos y en la pelea. La envidia es una enfermedad que no tiene cura. Es insaciable. No tiene ningún límite posible.   Durante la creación de uno de sus personajes, Ana María Jaramillo tuvo una experiencia extraña: ocurrió cuando escribía la trilogía de la dama en la torre. ¿Qué sucedió?   -En el proceso de la escritura esta dama fue tomando su propio destino. Lo curioso fue que cuando lo escribí estaba yo enferma y fui a dar al hospital, pero no sabían que tenía. Lo extraño es que yo le señalé al médico lo que tenía, porque la dama de mi historia se traga un reloj de arena y muerte. Entonces yo le dije al doctor: “Estoy enferma de tal cosa”. Y, efectivamente, yo me había enfermado de la vesícula y tenía piedras. O sea, mi personaje muere por tragar arena y yo estaba sufriendo unos dolores muy fuertes por la vesícula; pero cuando me hospitalizaron fue por un problema respiratorio muy serio, que había sido ocasionado por el dolor tan grande que ya no me dejaba respirar, y que había encubierto el cólico de vesícula. Entonces yo le señalé al doctor lo que creía que tenía que a su vez me lo había señalado mi personaje: las arenas nos estaban matando a ambas.

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Última actualización: Lunes, Junio 25, 2012 10:45 AM

Entrevista

Conversando con Ana María Jaramillo   En su obra narrativa son constantes los narradores femeninos, ejemplo de ello es su primera novela Las horas  secretas, y su volumen de cuentos Crímenes domésticos, en donde plantea que el hogar es el lugar más peligroso para una mujer ¿Existe una propuesta de género consciente en su obra narrativa?   No, de hecho en muchos de mis cuentos el narrador es hombre y no se reivindican posiciones de género. De hecho, en ocasiones se me ha acusado de lo contrario. En alguna crítica de Las horas secretas se decía sobre la protagonista que era una mujer abyecta y algunas cosas bastante agresivas. Lo que he querido reivindicar, en medio de un mundo tan difícil y violento donde los roles tanto masculinos como femeninos se han perdido, es cómo hace la mujer para amar y cuál debe ser su conducta, ya que la violencia del hombre nace en una violencia dada por la sociedad y las condiciones en que le toca vivir a este: lo que tiene que hacer al salir de la casa, los problemas económicos, de trabajo y constante humillación, que llevan a una pérdida de valores, lo que origina que el hombre, al llegar a casa ejerza una violencia sobre los que están ahí, porqué a él lo agredieron afuera ¿Cuál debe ser el papel de la mujer frente a esta realidad? Justamente eso es lo que me cuestiono ¿tiene verdaderamente derecho a amar? ¿A defender sexualidad y tener sus sueños y sus anhelos? ¿Cómo desear en un mundo que ha perdido la fe en todo? Esto se ve con las nuevas generaciones y la manera en que se relacionan: no hay compromiso, nadie quiere quedarse en una relación. Lo que está de moda no es precisamente estar en una relación de amor y en estas condiciones las mujeres se encuentran atrapadas al ser madres y esposas sin la posibilidad de elegir, ni tener los medios económicos para irse. Todas estas inquietudes me interesan como autora, aunque no es propiamente un discurso feminista, veo más bien los anhelos, los deseos de estos personajes.   ¿Es entonces la reelaboración del relato romántico?   Eso sí. Y también la reelaboración de la relación de la mujer con su cuerpo y su sexualidad. La manera como que en estos países, donde la mujer ha sido tan violentada física y emocionalmente, las mujeres pueden seguir teniendo su sexualidad, los caminos que le quedan y sus opciones. Este tema lo trate en mi colección de cuentos Eclipses. Ahí los personajes son mujeres, aunque hay algunos narradores masculinos, tratando de sobrevivir a un colapso emocional que puede ser el matrimonio o una revolución más allá del contexto o la época donde esté, pues sin importar esto, en una mujer objeto siempre sobrevivirá un rastro de humanidad en donde residen los deseos, y esos deseos son en últimas las que las hacen vivir o morir.   Hablemos ahora de sus influencias literarias ¿Qué autores influyeron en la construcción de su obra y de esta mirada que usted propone?   A mí me encantan las novelas y me encantan las poesías. Desde muy niña leí a Dostoievski y Tolstoi, Gorky y Chejov, como se ve, tengo un gran gusto por los autores rusos. Pero igualmente leí a Dickens y Víctor Hugo, es decir novelas clásicas que me encantaban. Por otro lado, a mí me tocó el Boom Latinoamericano: García Márquez, Álvaro Mútis, Vargas Llosa y Onetti, fueron lecturas que en su momento leí con mucha pasión, todos a su manera tuvieron que ver con mi obra.   Usted también es autora de teatro. Ha escrito obras como Vendo mi muerte y Bajo el cielo ¿Cómo ha sido esta experiencia en la elaboración de textos dramáticos?   He escrito otras además de esas dos, pero no me he preocupado por publicarlas. Escribir teatro es un ejercicio que me encanta y me divierte. De todas maneras en mi obra narrativa siempre hay una puesta en escena, una teatralidad. Cundo quiero contar algo simplemente busco la mejor manera de hacerlo, ya sea a través de una obra de teatro, por un cuento o una novela.   ¿Cuál es el origen de esa preocupación por explorar distintas formas de plantear un relato?   Cada cosa  tiene su propio lenguaje. A veces no queremos contar algo como una anécdota, sino de una manera más poética, entonces uno necesita menos palabras y recurre a la poesía. Puede ser una poesía narrativa o una prosa poética, eso depende de lo que se quiera decir.   Su libro Playas Borrascosas, aborda el género de la entrevista, más concretamente a autores de Veracruz (México) ¿Cuál fue el proceso investigativo detrás de esta obra?   Este fue un libro que me tomó mucho tiempo. Las personas que entrevisté fueron autores de primer nivel en México, algunos ya han fallecido. En general ellos eran amigos entre sí, se admiraban mutuamente y otras veces discutían y en algunos casos se odiaban, por lo cual existían muchísimas anécdotas entrelazadas entre ellos. Al inicio comencé haciendo viajes a Veracruz, buscándolos por distintas ciudades y pueblos, pero ya al final decidí irme a vivir tres meses a Veracruz, aprovechando la ocasión para entrevistar a los autores que resultaban más difíciles de contactar. Como detalle curioso, esta experiencia me permitió hallar un libro Juan Vicente Melo, un gran escritor mexicano, quien tuvo guardado el manuscrito por veinte años. Yo busque entre sus papeles, lo organicé y logramos hacer una edición con la Universidad Veracruzana. Este libro es La rueca de Onfalia.   Precisamente su otra gran faceta es la de editora. Desde hace varios años se encuentra a la cabeza de la editorial Ediciones Sin Nombre ¿Cómo ha sido la experiencia en esta labor?   Este proyecto empezó con mi esposo, José María Espinaza, quien desde antes era editor y escritor. Él dirigía una revista de cine llamada Nitrato de Plata, la cual editaba cada vez que podía. Luego tuvo la idea de añadir unos pequeños folletos dentro de la revista y más tarde pequeños ensayos de él mismo y de su amigo, el escritor  Francisco Segovia. Con estas dos publicaciones nació hace 18 años Ediciones Sin Nombre. Yo comencé a participar en ella hace seis años, juntos definimos las colecciones. Me he propuesto editar autores colombianos pero sobretodo autores pereiranos, por ello se realizó el convenio con la UTP y la Fundación Frisby. Este concurso ya lleva dos versiones y estamos atentos para iniciar la tercera convocatoria.   Todos los proyectos editoriales tradicional resultan asombrosos en un mundo que parecen asombrosos en un mundo encaminado hacia la edición digital ¿Qué postura han asumido frente a este hecho?   Nosotros hacemos pequeños tirajes y llegamos a acuerdos con los autores para reimprimir a medida que se agotan las ediciones con previo permiso de ellos. Sabemos que la gente ya no compra tantos libros, y mucho menos libros como los que nosotros hacemos. Sin embargo, notamos que ese paso a lo electrónico no está siendo ni tan rápido ni tan eficiente como se esperaba, mucho menos en estos países en los cuales la gente no suele tener los recursos para acceder a la nuevas tecnologías. De todas maneras, sentimos que el mejor instrumento, el más sencillo entre el lector y el autor, es el libro, que no requiere más que ojo, tal vez algunas gafas y un poco de luz.  No digo que esté en contra de los E-book, de hecho es posible que terminemos haciéndolos, pero por ahora estamos en este punto de resistencia editorial.   Más allá de lo empresarial y lo tecnológico ¿Existe una misión política y ética detrás de su labor como editora?   No, a nosotros nos gusta editar y queremos que este sea un negocio que pueda sobrevivir por sí mismo, frente a la realidad de que muchas pequeñas editoriales han desaparecido. Nosotros llevamos ya 18 años de resistencia, contamos con un gran catalogo de más de cuatrocientos títulos y autores muy importantes. Pero no nos guía una idea política, básicamente editamos a las personas que conocemos y nos gusta lo que hacen, de hecho es raro que editemos algo de un descocido. No vamos a negar que somos una editorial pequeña con limitaciones que funciona con gente que cuya obra conocemos.  

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