Mirada crítica

El silencio como mala herencia.
Las mujeres eclipsadas de Ana María Jaramillo.

Por: Rosi Benglio.

“Ella se eclipsó”, dice en una descripción del mundo femenino la escritora Ana María Jaramillo en su nuevo libro, intitulado precisamente Eclipses (Ediciones sin nombre), en el cual, a manera de cuentos y sin ser un libro feminista, sus protagonistas todas son mujeres. La intención de la  autora es dar a luz la situación de indefensión femenina en la cual viven millones de personas, castigadas siempre, sea por ejercer su sexualidad, por hablar cuando no deben o por callar cuando hay que gritar las injusticias padecidas. Aunque, y así quedó plasmado en el cuento “Las bellas ahogadas”, la mujer, aún muerta, conserva su poder.

 

A partir de esta idea iniciamos una charla con la escritora ganadora del Premio Nacional de Cuento (1993) en su natal Colombia.

 

-Dice que “Las bellas ahogadas” pone sobre el tapete una idea acerca sobre la vulnerabilidad femenina...

 

- A pesar de lo que autores como Mishima han puesto a discusión, yo creo que, al contrario, la mujer tiene un gran poder incluso cuando está dormida. Yo lo llevo al extremo de cómo una mujer ahogada puede causar tanta inquietud a un hombre.

 

-En estos cuentos cuando hayamos el suicidio como otra forma de eclipsarse.

 

-En la península de Yucatán existe uno de los índices de suicidios más altos del país y tal vez del mundo.  Las explicaciones vienen desde la época de los mayas, pues ya entonces el suicidio era muy elevado. Generalmente explican eso por una baja concentración de litio en el agua; también puede ser genético, quizá. Pero hasta donde sé, los mayas son la única cultura que tiene una deidad dedicada al suicidio. Es una diosa que está arrodillada, tiene una soga sobre el cuello, unos pechos grandes con unos pezones también grandes: representa a una diosa que se cuelga a un cedro y va al inframundo para darle leche y miel a los suicidas que se han muerto por amor.

 

-En “El pan de Panamá” vislumbra la imposibilidad de una mujer por rehacer su vida.

 

-Es una historia donde, en principio, un hombre y una mujer deciden compartir sus vidas sin importarles su pasado. Sin embargo, en la realidad una mujer con pasado siempre será sospechosa; así que el hombre empieza a desconfiar de todo lo que hace la mujer. Aquí, la vida de la mujer es intachable a partir de que formó una pareja; pero no es suficiente porque una mujer con pasado nunca podrá ser digna de confianza, de acuerdo al imaginario machista.

 

En su libro, Ana María Jaramillo habla  de mujeres de todas las edades y condiciones sociales en todas las situaciones. Helena, por ejemplo, “es el caso de una mujer tradicional puesta en un pueblo tradicional. Viene de un matrimonio muy de conveniencia, hermosa, bella, que se la juega por su familia, que viven en una situación  como la de muchas mujeres en cualquier pueblo de Latinoamérica o del mundo. Ella, al saberse traicionada en una situación de fragilidad, como es un posparto, se colapsa emocionalmente; y esto es aprovechado por un hombre que no puede reprimir una falla de carácter y la destruye en todos sentidos abusando de ella para siempre y nadie la detiene. Ella queda en una situación de total indefensión y pierde todos sus bienes materiales, sus hijos, su identidad. Queda convertida en un fantasma en su propia casa. Entonces, esta mujer, por no defenderse y por no hablar, convierte la vida de sus hijos también en un infierno; pero, además, esto pasa de generación en generación, porque es una herencia maldita. Ella hereda a sus hijos el silencio y la cobardía. Creo que esto es algo que yo le quiero enseñar también a las mujeres: el silencio es una mala herencia”.

 

-La enfermedad de la envidia es algo que siempre le ha intrigado. ¿Por qué?

 

-Sí, es algo de lo que me gusta mucho escribir. Siempre me refiero a ella porque creo que es el gran motor de las acciones de los seres humanos. La envidia es algo fundamental que nos mueve y nos motiva a muchísimas acciones. Es una acción vital que nos mantiene vivos y en la pelea. La envidia es una enfermedad que no tiene cura. Es insaciable. No tiene ningún límite posible.

 

Durante la creación de uno de sus personajes, Ana María Jaramillo tuvo una experiencia extraña: ocurrió cuando escribía la trilogía de la dama en la torre. ¿Qué sucedió?

 

-En el proceso de la escritura esta dama fue tomando su propio destino. Lo curioso fue que cuando lo escribí estaba yo enferma y fui a dar al hospital, pero no sabían que tenía. Lo extraño es que yo le señalé al médico lo que tenía, porque la dama de mi historia se traga un reloj de arena y muerte. Entonces yo le dije al doctor: “Estoy enferma de tal cosa”. Y, efectivamente, yo me había enfermado de la vesícula y tenía piedras. O sea, mi personaje muere por tragar arena y yo estaba sufriendo unos dolores muy fuertes por la vesícula; pero cuando me hospitalizaron fue por un problema respiratorio muy serio, que había sido ocasionado por el dolor tan grande que ya no me dejaba respirar, y que había encubierto el cólico de vesícula. Entonces yo le señalé al doctor lo que creía que tenía que a su vez me lo había señalado mi personaje: las arenas nos estaban matando a ambas.

Última actualización: Lunes, Junio 25, 2012 10:52 AM
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